26 Oct Nicolás Fritis cuestiona los mitos generacionales en Foro Tálanton
El CEO de Ipsos participó en el encuentro “El fin de las generaciones aisladas”, donde presentó datos sobre los cambios demográficos y laborales que atraviesa Chile. Su llamado fue a dejar atrás los estereotipos sobre boomers, millennials y generación Z para comprender mejor las etapas de vida, las necesidades y las decisiones de las personas.

Ser parte de la generación Z, ser millennial o pertenecer a los llamados boomers puede ayudar a describir ciertas tendencias, pero no alcanza para explicar lo que viven, necesitan o esperan las personas. Esa fue una de las ideas centrales de la presentación de Nicolás Fritis, CEO de Ipsos, en el Foro Tálanton “El fin de las generaciones aisladas”.
El encuentro, realizado el martes 21 de octubre en la SOFOFA, reunió a especialistas, representantes del mundo público, empresas y academia para abordar los desafíos de una sociedad que envejece y en la que conviven hasta cinco generaciones en los espacios de trabajo. En ese contexto, Fritis presentó la exposición “Generaciones: mitos y realidades”, basada en información global de Ipsos y una lectura de los cambios que hoy enfrenta Chile.
“Las generaciones son un concepto que se utiliza mucho, pero no siempre son capaces de explicar los fenómenos que están viviendo los ciudadanos y las personas”, planteó. Para el investigador, es necesario distinguir entre tres dimensiones: los efectos propios del ciclo de vida, los acontecimientos de un período histórico y aquellos rasgos que sí pueden estar asociados a una generación determinada.
La diferencia no es menor. Las prioridades de una persona de 25, 40 o 65 años no dependen únicamente de la etiqueta generacional que se le atribuye, sino también de la etapa vital que atraviesa, sus responsabilidades de cuidado, su situación económica y el contexto social en que ha vivido. La pandemia, el estallido social y la inflación, por ejemplo, han configurado conversaciones y percepciones que cruzan a distintos grupos de edad.
Un país que envejece y una economía que debe adaptarse
Uno de los principales focos de la presentación fue el cambio demográfico. La baja sostenida de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida están transformando la composición de la población y, con ello, las dinámicas de consumo, empleo y desarrollo económico.
“En diez años más, el 30% de la población va a tener más de 60 años”, advirtió Fritis. Este cambio exige que las empresas amplíen su mirada y desarrollen productos, servicios y experiencias que respondan a las necesidades de estos consumidores, en lugar de concentrar sus estrategias principalmente en los segmentos más jóvenes.
Por otra parte, explicó que Chile lleva cerca de veinte años de adelanto en su transición demográfica respecto de otros países latinoamericanos. Esta trayectoria abre una oportunidad para que el país se convierta en un mercado de prueba de soluciones para una población más envejecida, que luego puedan adaptarse a otros mercados de la región.
El cambio obliga a revisar modelos de negocio que han concentrado su crecimiento en los consumidores jóvenes. “Va a haber menos jóvenes”, señaló Fritis, recordando que las empresas deberán comprender mejor el peso económico, las expectativas y las necesidades de las personas mayores.
Sin embargo, el desafío no consiste solo en ampliar la oferta dirigida a este segmento. También requiere abandonar la idea de que las personas mayores de 60 años constituyen un grupo homogéneo. Sus niveles de salud, autonomía, ingresos, actividad física, conexión digital y relación con la tecnología son muy diversos.
Fritis llamó a mirar a este grupo como “omnigenarios”: personas que pueden continuar activas por más tiempo, participar del mundo laboral, consumir, aprender y desarrollar nuevos proyectos. Esa diversidad también cuestiona uno de los estereotipos más extendidos: que las personas mayores rechazan necesariamente la digitalización o la automatización.
En su exposición, explicó que la preferencia por una atención humana no es exclusiva de quienes tienen más edad. “El problema de la atención automatizada no es la tecnología, es que las máquinas todavía no han sido capaces de entender muy bien nuestras necesidades”, afirmó.
Más allá de los extremos: la presión sobre los millennials
La presentación también puso el foco en los grupos que suelen quedar fuera de la conversación. Mientras gran parte de la atención pública y comercial se concentra en la generación Z o en los mayores de 60 años, los millennials ocupan hoy una parte significativa de la pirámide poblacional y sostienen buena parte de la actividad económica.
Muchos atraviesan una etapa marcada por la crianza, el pago de vivienda, la educación de los hijos, las responsabilidades domésticas, el ahorro previsional y, en algunos casos, el cuidado de padres que envejecen. Esa presión no responde solo a una identidad generacional, sino al momento vital en que se encuentran.
Fritis describió a este grupo como quienes están “atrapados en el medio”: personas que deben responder simultáneamente a necesidades de cuidado, ingresos y desarrollo profesional. La idea, sostuvo, es no perder de vista que el análisis de las generaciones debe complementarse con una comprensión más profunda de las trayectorias de vida.
Lo que las personas buscan en el trabajo
En el ámbito laboral, los datos presentados cuestionan otra creencia habitual: que cada generación tendría expectativas radicalmente distintas respecto de sus empleos. Si bien existen diferencias en la manera en que las personas perciben el respeto, las oportunidades o su momento de carrera, las necesidades de fondo son ampliamente compartidas.
“Independiente de la generación, lo que las personas buscan en el trabajo no tiene diferencias significativas por generación”, señaló Fritis. El reconocimiento, la seguridad psicológica, la claridad estratégica, la inclusión y el orgullo por la organización aparecen como factores transversales.
Para las organizaciones, esto implica que los estereotipos no pueden reemplazar el análisis. Más que diseñar soluciones rígidas para “jóvenes”, “millennials” o “personas mayores”, el desafío es crear rutas de desarrollo visibles, oportunidades de aprendizaje y reinvención, y condiciones de flexibilidad que acompañen carreras cada vez más largas y diversas.
Al cerrar su presentación en el Foro Tálanton, Fritis sintetizó el desafío: “Hay que ser más analíticos, no podemos simplificar a las generaciones como si todas fueran una misma cosa”. Para la investigación de mercados, las categorías generacionales pueden ser un punto de partida, pero no debieran transformarse en respuestas automáticas para interpretar los cambios sociales, diseñar productos o tomar decisiones dentro de las organizaciones. “Comprender a las personas exige mirar los datos con contexto”, finalizó.
