Panel Una agenda país para la nueva longevidad: Ernesto Silva, Rosita Kornfeld, Renzo Corona y José Miguel Insulza

Nueva longevidad: el desafío de incorporar el talento y la experiencia de todas las generaciones a la agenda país

José Miguel Insulza, Rosita Kornfeld-Matte, Ernesto Silva y Renzo Corona serán parte del panel “Una agenda país para la nueva longevidad”, que se realizará el 21 de octubre en el marco del primer Foro Tálanton. El encuentro abordará el rol del Estado, las empresas y la academia frente a una transformación demográfica que plantea nuevos desafíos para el trabajo, las políticas públicas y la convivencia entre generaciones.

Durante las últimas décadas, la expectativa de vida ha aumentado y, al mismo tiempo, han disminuido los nacimientos. Una combinación que está modificando la estructura de la sociedad chilena y que, para los participantes del primer Foro Tálanton, obliga a repensar la manera en que se entiende el trabajo, la experiencia y las distintas etapas de la vida.

Ese será precisamente el foco del primer panel del encuentro, titulado “Una agenda país para la nueva longevidad”, que reunirá al abogado, académico y exsecretario general de la OEA José Miguel Insulza; a la exdirectora del Servicio Nacional del Adulto Mayor, fundadora del Programa del Adulto Mayor de la PUC y socia Tálanton, Rosita Kornfeld-Matte; al prorrector de la Universidad del Desarrollo y director ejecutivo de Faro UDD, Ernesto Silva; y al presidente de ICARE y expresidente ejecutivo de PwC Chile, Renzo Corona.

Para Insulza, el desafío parte por reconocer que la edad no puede convertirse en un criterio para excluir a las personas de la vida laboral o social. “La vida es completa, la vida tiene que ser completa, todas las edades”, plantea.

Una sociedad que vive más

La transformación demográfica es, para Insulza, una razón suficiente para que la longevidad deje de ser entendida como un asunto exclusivo de las personas mayores y pase a formar parte de las prioridades del país.

“Las agendas tienen que adaptarse a la realidad que el país vive. Esto es un país cada año con más mayores, entonces se trata de convertir a los mayores en ciudadanos plenos, como corresponde, y no desecharlos por su edad”, sostiene.

El exsenador y exministro también pone el foco en el edadismo y en las barreras que persisten para quienes quieren continuar participando activamente. Recuerda, por ejemplo, que durante su etapa en el Senado se encontró con cuestionamientos vinculados a su edad. “Si me pasa a mí, a todo el mundo le pasa por la calle a cada rato”, afirma, para graficar que todavía existe la idea de que las personas mayores no están en condiciones de realizar determinadas tareas.

En su opinión, una de las prioridades debe ser eliminar las discriminaciones basadas exclusivamente en la edad. “Que usted no tenga que decir cuántos años tiene cuando postula a un cargo, sino que simplemente se pregunte si está capacitado para ese cargo. Se le puede hacer un examen para saber si está capacitado, pero no discriminar a nadie por la sola razón de tener determinada edad”, señala.

Para Insulza, el cambio también requiere una transformación cultural. “Mientras la sociedad, quienes la dirigen y quienes interactúan en ella sigan considerando que la edad es una limitación, ciertamente no vamos a progresar”, plantea.

Del asistencialismo a una mirada de derechos

Rosita Kornfeld-Matte ha trabajado durante décadas en temas vinculados a las personas mayores y reconoce que en Chile sí ha habido una evolución en la manera de entender esta etapa de la vida. A su juicio, se ha pasado de una mirada principalmente asistencialista a otra basada en derechos y participación.

Pero advierte que el cambio todavía está lejos de consolidarse. “Todavía estamos muy lejos de decir que es una realidad que ya llegó. Hay mucho edadismo, donde existen prejuicios contra las personas mayores: que se cansan, que se enferman, que no pueden trabajar, que se les agravan los problemas”, explica.

Por eso, considera que la nueva longevidad también debe abordarse desde el mundo laboral. Según plantea, las personas mayores autovalentes constituyen un grupo con capacidades y experiencia que puede seguir contribuyendo al desarrollo del país. “El talento no debe dejarse atrás y hay que aprovecharlo”, afirma.

Por eso es importante la labor de Tálanton, afirma, proponiendo algunas medidas de política pública para el trabajo de personas de 50+: flexibilización de las jornadas laborales, mayor intergeneracionalidad, impulso al emprendimiento senior, diálogo social y educación continua. “Las personas mayores no tienen para qué trabajar la jornada completa. Puede ser media jornada o por horas, y eso puede ser una ayuda para la empresa y un menor costo, mientras la persona recibe una remuneración que le ayuda para su vejez”, plantea.

La intergeneracionalidad aparece como otro eje central. Para Kornfeld-Matte, no se trata de separar a las personas por grupos etarios, sino de generar espacios donde puedan complementarse las capacidades de cada generación.

“Las personas mayores pueden entregar experiencia, enseñar sobre cosas que han fracasado y aportar una mirada más a largo plazo o más tranquila, mientras los jóvenes pueden aportar ideas nuevas, innovación y tecnología. Necesitamos sacar lo mejor de cada grupo etario”, sostiene.

También destaca la importancia de la educación continua para que las personas puedan actualizar sus conocimientos durante toda la vida.

Un desafío para el Estado, las empresas y la academia

Desde la Universidad del Desarrollo, Ernesto Silva aborda la longevidad como un fenómeno que trasciende una sola área. A su juicio, el cambio demográfico obliga a que distintas disciplinas y actores trabajen de manera conjunta.

“El cambio demográfico en Chile implica que la nueva longevidad es un desafío muy grande y es interdisciplinario. Por eso, para una universidad hace sentido participar de este debate, poniendo sus distintas áreas de capital humano a trabajar: medicina, psicología, emprendimiento y otros temas”, explica.

Silva plantea que el país tendrá que adaptarse a una realidad en la que habrá más personas viviendo durante más años y, al mismo tiempo, familias más pequeñas. Esto, dice, tendrá efectos no solo en el trabajo, sino también en la forma en que se diseñan las ciudades y las políticas públicas.

“Tanto la regulación como la legislación, e incluso el diseño de la ciudad, van a tener que reconocer esta nueva realidad. Si a eso uno le suma que las familias están siendo cada vez más pequeñas y las personas viven más y más solas, hay otra dimensión que va a ser súper relevante y que requiere ser abordada”, señala.

Por eso, identifica como prioridad el comprender mejor la magnitud de estos cambios. “Lo primero es entender los datos y tomar conciencia. Lo segundo es conocer mejor los desafíos que van a tener las personas mayores y también lo que pueden contribuir. Hay que entender las dos cosas y, a partir de eso, impulsar iniciativas que puedan contribuir”, plantea.

En ese sentido, el Foro Tálanton busca precisamente abrir un espacio de conversación entre distintas perspectivas. Para Silva, reunir a personas con experiencia en el gobierno, organizaciones internacionales, el trabajo con personas mayores y la gestión universitaria permite poner el tema en discusión y avanzar posteriormente hacia iniciativas y propuestas. “Contribuye al primer objetivo que planteamos, que es darle relevancia al tema, y al segundo, que es entender las necesidades y las potencialidades de aporte”, sostiene.

Una conversación que involucra a toda la sociedad

Los tres participantes coinciden en que la nueva longevidad no puede ser entendida como un asunto que concierne únicamente a quienes hoy son mayores. Para Insulza, es precisamente la generación más joven la que debe involucrarse en esta conversación. “Necesitamos que participen todos, no solamente los mayores, sino incluso más la gente de edades menores, porque realmente esto no es un tema de un grupo de personas; es un tema de toda la sociedad”.

Kornfeld-Matte, en tanto, enfatiza que para avanzar se necesita una decisión política que permita instalar el tema como una prioridad y generar condiciones para que quienes quieran seguir aportando puedan hacerlo. “Entre más se acerca la etapa de jubilación, más la gente quiere aportar y no retirarse. Queremos ser parte del país, queremos ser parte del desarrollo, queremos tener un propósito”, señala.

Para Silva, el valor de encuentros como este está precisamente en reunir distintas experiencias y perspectivas para comprender mejor los desafíos y posibilidades que abre la nueva longevidad. “Generar espacios de conversación en torno a Tálanton, donde se aporten miradas distintas, contribuye a darle relevancia al tema y a entender las necesidades y las potencialidades de aporte. Es un insumo valioso para pasar a etapas posteriores de más iniciativas, propuestas y proyectos”.

José Miguel Insulza indica que, justamente ahí, está parte del sentido del encuentro: “El Foro Tálanton es un comienzo importante para ir eliminando cada vez más las discriminaciones respecto de la edad y, sobre todo, para mostrar que la vida es mucho más larga, mucho más grata y probablemente mucho más aprovechada si todos la disfrutamos juntos”, concluye.