Yazna Gutiérrez: “La vejez puede ser plena si se prepara a lo largo de la vida”

Psicóloga y fundadora de LivUP, cuenta con más de 20 años de experiencia en marketing y asuntos corporativos. Desde su empresa, impulsa una mirada que pone la autonomía, la prevención y la inclusión en el centro de la longevidad.

Yazna Gutiérrez es psicóloga, con un MSc. en Psicología Social de la London School of Economics y diplomas en Gestión de Servicios, Recursos Humanos y Gerontología Social. Cuenta con más de 20 años de experiencia en áreas de marketing y asuntos corporativos en multinacionales y es fundadora y CEO de LivUP, una empresa social que promueve el envejecimiento en casa con independencia y seguridad, a través de una plataforma que integra tecnología inteligente y apoyo humano personalizado.

Esta causa fue la que la motivó a integrarse a Tálanton como socia en diciembre de 2024. “Desde que armé mi propia empresa he sido muy consciente de cómo las personas +50 empezaban a tener dificultades para encontrar trabajo, lo que me parecía una contradicción tremenda con el creciente envejecimiento de la población”, afirma.

Fundó LivUP hace diez años y decidió dar trabajo a personas mayores porque, en ese rubro, la experiencia es especialmente valiosa. A ello se sumó la convicción de que las mujeres suelen ser las más postergadas bajo este paradigma. “También quise aportar la mirada desde la pequeña empresa. Es muy enriquecedor encontrar personas con la misma inquietud y aprender en conjunto”, señala.

–Desde tu experiencia en psicología social, ¿qué cambios culturales son más urgentes para acompañar la nueva longevidad en Chile?

–Lo primero es trabajar contra el edadismo desde edades tempranas. Existen muchos prejuicios sobre lo que significa ser persona mayor y falta educación cívica. Es una responsabilidad de quienes formamos a otros, tanto en el ámbito laboral como desde los colegios. La vejez tiene una carga negativa que no se condice con la realidad, porque la gran mayoría de las personas en Chile son autovalentes. La edad no debería ser un tema si mantenemos intereses y curiosidad por integrarnos a lo nuevo.

–¿Qué aprendizajes te ha dejado trabajar directamente con personas mayores?

–Es muy importante honrar cómo las personas quieren seguir viviendo y el 99% quiere seguir en su propia casa. Por eso acompañamos distintas etapas del envejecimiento. El promedio de edad de nuestros usuarios es de 83 años y prevenimos el deterioro con ejercicios que mantienen la autonomía, además de apoyar a personas con enfermedades como Alzheimer. La calidad de vida se construye mucho antes: depende de cómo viviste, si cultivaste afectos y redes, si te cuidaste haciendo ejercicio y si te mantuviste activo intelectualmente. La vejez puede ser plena si se prepara a lo largo de la vida con un enfoque preventivo.

–¿Cómo puede la tecnología mejorar el bienestar de las personas mayores?

–Soy una convencida de que la tecnología puede ayudar a prolongar la autonomía. Estamos probando dispositivos con desarrolladores tecnológicos para recordar medicamentos, llaveros GPS –para que la gente pueda seguir saliendo sola– y sensores de movimiento con IA para alertas preventivas y detección de caídas. La tecnología permitirá que muchas personas sigan viviendo de forma independiente, especialmente considerando que no habrá suficientes cuidadores en el futuro.

–¿Qué elementos del marketing y las comunicaciones son clave para un envejecimiento más inclusivo?

–Es fundamental dejar atrás miradas edadistas y segmentar, y sub segmentar, por estilos de vida. No se debe diseñar desde las “buenas ideas”, sino preguntar directamente a los beneficiarios qué necesitan. Las empresas deben codiseñar con sus usuarios. Y desde las comunicaciones, los medios deben usar un lenguaje e imágenes correctas, dejando atrás la caricatura de los “abuelitos”.

–¿Qué rol deben asumir empresas y directorios para integrar el envejecimiento?

–Lo primero es eliminar las brechas diseñando productos y servicios para usuarios +50. Muchas decisiones se toman sin considerar realmente a quienes impactan, como ocurrió con la abrupta eliminación -sin educación de por medio- de la tarjeta bancaria de coordenadas.

¿Qué transformaciones se necesitan para que los mayores vivan en sus hogares?

–Tener una mirada comunitaria fortaleciendo la red local a través de alianzas público-privadas. Aquí los municipios son importantes para mapear a las personas mayores. Y también se necesita, sobre todo, la prevención. La gran mayoría podría no necesitar apoyo si se potencian programas de actividad física y monitoreos de enfermedades crónicas. La adaptación de las casas también es clave para prevenir caídas y situaciones de riesgo. Es un círculo virtuoso, hay que preparar la vejez.

–¿Cómo visualizas el futuro del cuidado y el trabajo en sociedades longevas?

–La demanda de cuidado será intensiva. Se necesita mucha especialización y formalización. Es un área que tiene mucho por desarrollarse cualitativa y cuantitativamente.

–¿Cómo ves la inserción de las personas mayores en los espacios laborales?

–No se trata de discriminación positiva, sino que dejar de lado el factor edad y ponderar a la persona en sus capacidades, talentos y aportes, y asignarla donde hará el mejor aporte. Hay una experiencia muy valiosa en las personas con un recorrido laboral. Además, es sostenible, porque a futuro se requerirá mantener cierto nivel de producción donde jóvenes y mayores serán necesarios. En LivUP tener años es un plus: lo hacen mejor que cualquiera. Tengo un colaborador de 80 años que es excelente y acompaña a un señor de 87. Les sirve a los dos porque se mantienen activos. Entonces no es la edad, es cómo cada uno ha vivido su propio proceso de envejecimiento.