Chile envejece y trabaja más allá de la jubilación

El 19,8% de la población chilena tiene hoy 60 años o más, casi el doble que en 1992, según datos preliminares del Censo 2024. Este cambio demográfico está transformando el mercado laboral, con un número creciente de personas que siguen trabajando después de la edad legal de jubilación.

El nuevo estudio del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo muestra que la participación laboral de las personas mayores pasó de un 8% en 2010 a un 12,3% en 2024. En promedio, los hombres se retiran a los 67,3 años y las mujeres a los 63,7, cifras superiores a las de la OCDE.

La principal razón para continuar trabajando es la necesidad económica (62%), seguida por el deseo de mantenerse activos (36%) y el gusto por la actividad laboral (12%). Sin embargo, la informalidad marca a este segmento: casi la mitad de quienes siguen trabajando lo hace en condiciones sin contrato ni protección social, especialmente en comercio, agricultura y servicios domésticos.

El estudio advierte una brecha de género significativa: solo el 40,9% de las mujeres entre 60 y 64 años está ocupada, frente a un 75,9% de los hombres, y quienes tienen menos educación o menores ingresos enfrentan mayores niveles de precariedad.

Los investigadores concluyen que Chile necesita una política integral de empleo que incluya a las personas mayores, promueva trabajos formales y combata la discriminación por edad.



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Las 10 conclusiones clave del estudio



Chile envejece rápidamente: el 19,8% de la población tiene 60 años o más, casi el doble que en 1992 (9,8%), lo que transforma la estructura social y el mercado laboral.

Más personas trabajan después de la edad de jubilación: la participación laboral de mayores de 60 años creció de 8% en 2010 a 12,3% en 2024. La edad efectiva de retiro (67,3 años hombres, 63,7 mujeres) está sobre el promedio OCDE.

Motivos económicos predominan: 62% de quienes siguen trabajando tras la edad de jubilación lo hacen por necesidad económica; 36% por mantenerse activos y 12% porque disfrutan su labor.

Brechas de género marcadas: solo 40,9% de las mujeres entre 60 y 64 años está ocupada, frente a 75,9% de los hombres. Las mujeres presentan trayectorias laborales más discontinuas y mayor precariedad.

La educación influye en la permanencia laboral: a mayor nivel educativo, mayor probabilidad de seguir trabajando en la vejez y en mejores condiciones.

El ingreso del hogar marca diferencias: quienes pertenecen a quintiles de ingresos altos tienen mayores tasas de ocupación y menor dependencia de empleos precarios.

Salud como factor determinante: las personas con buena salud tienen tasas de empleo casi el doble que quienes reportan salud regular o mala.

Alta informalidad en la vejez: casi la mitad de los mayores que trabajan lo hace en condiciones informales, especialmente en comercio, agricultura, servicios domésticos y trabajos por cuenta propia.

Dificultades de reinserción laboral: el desempleo de larga duración y la búsqueda prolongada de empleo afectan más a personas mayores, con una creciente disposición a aceptar cualquier tipo de jornada laboral.

Brecha de política pública y empresarial:
Chile carece de una estrategia integral para incluir y retener a personas mayores en trabajos formales, con solo un subsidio limitado (Experiencia Mayor), mientras persisten prácticas edadistas en contratación y gestión de talento.